
Cerrando los ojos podemos recordar a aquellos hombres jóvenes, con esperanzas en sus corazones y alas en sus pies.
En Gran Bretaña, 1920. Harold Abrahams y Eric Lidell estaban hechos para correr. No sólo una razón les llevaba a correr más rápido que ningún otro hombre, sus motivos eran tan diferentes como sus pasados. Cada uno tenía su propio Dios, sus propias creencias y su propio empuje hacia el triunfo. Dos jóvenes corredores de diferentes clases sociales que se entrenan con un mismo objetivo: competir en las Olimpiadas de París de 1924.
Nicholas Farrell
Aubrey Montague

Daniel Gerroll
Henry Stallard

John Gielgud
Master of Trinity

Lindsay Anderson
Master of Caius

Nigel Davenport
Lord Birkenhead

Dennis Christopher
Charles Paddock